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March 7, 2019

Tras el jabalí por Las Arribes

Acompañamos a la Asociación de Cazadores de Villarino en los ganchos celebrados el mes de febrero, jornadas sin demasiada fortuna
Acompañamos a la Asociación de Cazadores de Villarino en los ganchos celebrados el mes de febrero, jornadas sin demasiada fortuna

Finalizada la caza menor el último domingo de enero, la gran mayoría de los aficionados a la cinegética orientaban sus jornadas de caza del mes de febrero al jabalí, especie que ha experimentado un gran aumento de sus poblaciones en toda España y que ha obligado a las distintas administraciones a adoptar medidas de control.

A este hecho no ha estado ajena Castilla y León, tampoco Salamanca ni comarcas como El Rebollar, La Sierra o Las Arribes, zonas jabalineras desde que este suido decidiese colonizar el campo, un día trabajado por los hombres y que se ha convertido en la actualidad en frondosos montes donde la maleza sirve de cobijo a esta especie.

La Junta de Castilla y León ha ‘abierto la mano’ para reducir los habituales daños que los jabalíes causan en los cultivos o los constantes accidentes de circulación en las carreteras, su expansión se ha visto reflejada incluso en las ciudades, con apariciones nocturnas en busca de alimento, unos hechos impensables hace unos años. Los cazadores advirtieron de la peligrosidad del aumento de las poblaciones de este valiente cochino salvaje, aunque –como suele ser habitual- se escucha más la voz de los ecologistas.

Así pues, este mes de febrero hemos acompañado a la Asociación de Cazadores de Villarino en varias de las cacerías, ganchos en su mayoría, que ha organizado en este término municipal surcado por los ríos Duero y Tormes, lugar aquí en el que se conforman los primeros arribes salmantinos tras abandonar las tierras zamoranas de Fermoselle.

Sábados y domingos han sido cita para los aficionados a la caza del jabalí en Villarino, aunque a pesar de que el número de salidas ha sido considerable, los resultados no han sido nada positivos. El motivo: el descenso de la caza menor durante la temporada. Este hecho ha motivado que muchos de sus aficionados hayan orientado sus jornadas venatorias a la caza del jabalí, lo que ha sido un constante acoso domingo tras domingo.

A lo largo de los fines de semana de febrero se han monteado las manchas más jabalineras de Villarino, y que son aquellas que dan contorno a sus ríos. El bolo ha sido el resultado habitual, en Ambasaguas, El Teso, Los Parisales o Los Piconitos, por citar algunos. Solo en Zarapallas se logró abatir un guarro una de las primeras tardes del mes. Y en el último, la mancha del Teso Prieto, tampoco se vieron a pesar de observar huella reciente.

A diferencia de épocas anteriores, en ningún momento se puso en entredicho el trabajo de las rehalas, la ausencia de huella de jabalíes en el campo es un hecho sintomático y fehaciente de la ausencia de guarros, la experiencia en su caza también ayuda a determinar hechos como este.

A excepción de la última, en el resto de las manchas monteadas se pudo comprobar que no había ni tan siquiera ‘un pinchazo’, como se dice en la jerga jabalinera, hozaduras que realizan los jabalíes sobre la tierra en busca de alimento y que delatan inequívocamente su presencia en la zona.

Por tanto, escaso bagaje en el final de temporada, una circunstancia que se ha repetido, aunque con algo más de fortuna, en la mayoría de los pueblos de Las Arribes, donde el jabalí se cazó más durante la menor que en su propia temporada.

Buena caza.